Cambalache


13 / 10 / 2019 | Intersindical

Corría el año 1934 cuando el tango argentino Cambalache, escrito por Enrique Santos Discépolo se incluía dentro de los censurados para su difusión radiofónica. La canción describía en sus letras la arbitrariedad con la que el gobierno militar argentino obligó a suprimir el lenguaje lunfardo, así como cualquier expresión que pudiera ser considerada peligrosa para el idioma o para el país.

Resuena en nuestras cabezas el recuerdo en la voz del maestro Carlos Gardel al son del bandoneón: ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!

Del mismo modo anda la administración del Consell, intentando capear a ritmo de milonga el desorden y el caos de un gobierno incapaz de acompasar el baile.

Conscientes del desaguisado que se estaba generando desde la Consellería de Educación hicimos sonar todas las alarmas el pasado mes de mayo, tras la publicación de la Orden que regula la organización y el funcionamiento de las escuelas infantiles de primer ciclo de titularidad pública. Una norma que termina por desmembrar la etapa de educación infantil, vulnerando los principios que han de garantizar una escuela pública de calidad basada en términos de igualdad y en fundamentos educativos, diametralmente opuestos a concepciones asistencialistas, más propias de las guarderías o de los “aparca-niñ@s”.

Con nocturnidad y alevosía la disposición final transitoria establece que las aulas de dos años en los Ceips han de ser atendidas por una docente por aula y una educadora por Centro. Y así como quién no quiere la cosa la disposición desmantela el proyecto estrella de la Consellería de Educación, aquel que iba a universalizar la gratuidad de la enseñanza de 0 a 3 años. En unas pocas palabras la orden, desmembra la pareja educativa, suprimiendo la figura de la Técnica Superior en Educación Infantil.

La Orden propone la creación de nuevas aulas con una sola educadora de educación Infantil por centro, encargada de atender las necesidades de salud e higiene del alumnado y aniquila el carácter educativo de un cuerpo profesional preparado específicamente para la etapa 0-6 años. Dejando la puerta abierta a que inspecciones y centros dispongan a su antojo de un personal que habría de encargarse única y exclusivamente del alumnado de primer ciclo.

Hasta hoy la disposición era una declaración de intenciones. Con el comienzo del curso escolar hemos podido ponerle cara y nombres. Nos hemos amanecido con la triste certeza de que el gobierno del Consell ya no sabe como esconder los recortes.

Clases para niños y niñas de dos y tres años en centros ordinarios, que no están preparados para atenderles, porque no fueron concebidas para tales fines, en las que una educadora ha de atender a 36 alumnos y alumnas, muchos de los cuales llegan con a las aulas con 15 meses. Profesionales al servicio del Consell que de un plumazo pierden sus derechos laborales, desde la posibilidad de disfrutar de un permiso por conciliación familiar o a padecer una triste gripe que suponga una baja por enfermedad. Un cambalache propio del siglo pasado y que poco tiene que ver con el modelo de escuela inclusiva que proclama nuestra Consellería de Educación.

Como de costumbre la peor parte se la llevarán las niñas y los niños del País Valencià y sus familias. Condenados a padecer los vaivenes de una política educativa sin rumbo, basada en ideas oportunistas, carentes de la previsión y la justificación pedagógica que requieren.

Un sistema que condiciona al azar la atención al alumnado más débil del sistema educativo, aquel que debería ser el más protegido y cuya atención, a partir de este nuevo curso escolar, dependerá de su lugar de residencia. Una desventaja producto de la improvisación y carente de cualquier justificación técnica.

Aulas con ratios de 20 alumn@s para una educadora que, además, hará las veces de tutora en escuelas infantiles, 18 alumn@s atendidos por una pareja educativa compuesta por una maestra y una educadora o 36 alumn@s atendidos por dos maestras y una educadora con “superpoderes”, que habrá de ser capaz de estar en dos sitios a la vez y trabajará el control de esfínteres por telepatia.

Y si ustedes han sido capaces de llegar hasta el final a estas horas del relato estarán tarareando al ritmo del tango argentino, contemplando el disparate. Un agravio comparativo sin precedentes que clasifica al alumnado de 2-3 años en ciudadan@s de segunda, segunda b y tercera regional.

Una discriminación sin sentido que nos devuelve al pasado más oscuro y que nos recuerda que a pesar de las florituras y los pasos de baile el tango sigue siendo el mismo.

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