Vint anys de lluita


16 / 05 / 2019 | Intersindical

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En aquellos años aparecía un sindicato “nuevo”, formado por personas que no se veían representadas por la comodidad institucional de las tradicionales opciones sindicales, que se habían instalado en la mal llamada “paz social”.
 
Este “nuevo” modelo sindical se caracterizaba y se caracteriza por la horizontalidad de su organización, por su autonomía a la hora de tomar decisiones, sin casarse con ninguna opción política, mediante la convocatoria de asambleas abiertas al conjunto de los trabajadores y trabajadoras, no solo a su militancia.  Fruto de ese modelo se empiezan a convocar asambleas por todo el País Valenciano, donde las trabajadoras comienzan a expresar su malestar acumulado tras años de pasividad sindical.  Esta nueva organización empieza a articular, vertebrar, dar voz y defender, sin intereses partidistas, a este colectivo tan maltratado e invisibilizado a lo largo de quince años de renuncias sindicales.

Producto de ese arduo y poco reconocido trabajo sindical, allá por el año 2004, el STAPV, promueve un manifiesto en el cual se recogían las reivindicaciones históricas del colectivo.

Este manifiesto, suscrito por cerca del 90% de la plantilla, en aquel momento formada por cerca de 500 trabajadoras, contando educadoras y fisioterapeutas, adscritas principalmente en centros específicos de educación especial, escuelas infantiles y muy residualmente, en centros ordinarios, repartidos por todo el País.  El documento, fue presentado ante la administración del Consell, por una decena de trabajadoras, convocadas a tal efecto por el STAPV.  Sobra decir que, en aquella época no había voluntad política por arreglar la situación laboral de, un colectivo desconocido, poco valorado y porque no decirlo, con poca conciencia de sí mismo.

En los años posteriores, gracias a los nuevos vientos que corrían, la administración, empieza a apostar por la integración del alumnado en las aulas y comienza a dotar, muy tímidamente, con personal de apoyo educativo (fisioterapeutas y educadoras). En consecuencia, la plantilla de personal de apoyo crece exponencialmente y en 15 años se triplica, pasando a unos 1500 profesionales a día de hoy.  La cifra continúa creciendo y ante los nuevos retos que genera la inclusión educativa, esperamos que siga creciendo.

El inicio del proyecto experimental de apertura de aulas de 2 años en los centros ordinarios en el curso 2015/2016, supuso un aumento significativo en el número de plazas que requerían de profesional especializado en educación infantil.  Una vez más, la administración del Consell ignoró la formación y la experiencia acumulada durante más de 30 años por su propio personal y se embarcó en un nuevo modelo que se convierte en un despropósito, dinamitando la etapa de educación infantil y cuyo mantra fundamental se centra en que el alumnado se adapte a centros y espacios que no fueron concebidos para su edad, horarios que no respetan sus ritmos vitales, familias que incomodan porque reivindican una participación más activa en la vida de sus hijos e hijas y un sinfín de prácticas anticuadas y modelos educativos obsoletos.

Este crecimiento de los colectivos, no fue acompañado de una reforma de las condiciones de trabajo del personal, que nuevamente se vio obligado a adaptarse a la nueva realidad, en la que coexistían modelos educativos contradictorios. Sin embargo, el paradigma había cambiado, ya no estábamos recluidas en los centros específicos.

A nuestra llegada a los centros ordinarios no nos encontramos con comités de bienvenida.  Debido al desconocimiento de la profesión por parte de los equipos que nos recibían y con unas funciones que en su día daban respuesta a la realidad de los centros específicos, se generaron verdaderos dramas laborales.

Ante la pasividad y el maltrato de la inspección educativa, de los sindicatos mayoritarios y de una administración, a la cual le salía muy rentable que el alumnado fuera atendido en periodo lectivo por personal experimentado (actuando en muchos casos como “PTs de bajo coste”).  Cediendo a las empresas adjudicatarias de los servicios de comedor y extraescolares nuestros servicios, USÁNDONOS COMO MANO DE OBRA GRATUITA y DISCRIMINANDO A NUESTRO ALUMNADO, al destinar los medios económicos regulados para su atención a otros menesteres, beneficiando a las empresas privadas del sector.

Con este panorama, el renovado sindicato, redobla su acción sindical, con el colectivo, visitando centros, dando una atención personalizada, apostando por conseguir una dignidad laboral merecida y negada por la administración y por los sindicatos mayoritarios (como trabajadora del colectivo, nunca comprendí el motivo).

Gracias al trabajo y la acción sindical del STAPV, en el 2008, las trabajadoras convocamos un par de asambleas en el casal fallero de la falla Segorbe-Castellón, a las que se invitó a acudir a todos los sindicatos (solo apareció el recién constituido STAS). En estas asambleas se intenta constituir una plataforma de educadoras que lamentablemente no cuajó (hubo que esperar casi 10 años para que se consolidara).

Ese mismo año desde el STAS se propone aumentar la presión y da un paso adelante, comenzando a convocar huelgas intermitentes.  Las movilizaciones y reivindicaciones estuvieron apoyadas en un principio por dos sindicatos, el STAS y el CSIF (todavía existe una pancarta que así lo atestigua), pero pronto se bajarían del carro, uniéndose a la corriente de los “agentes sociales recaudatorios” y dejando al STAS como único defensor de la dignidad de estas trabajadoras.  Las que tengáis recuerdos de esa época os acordaréis de la vergonzosa asamblea conjunta que hicieron los “agentes sociales recaudatorios” en la sede de CCOO, yo personalmente sentí vergüenza de las representantes de estos dos agentes sociales y lástima de las trabajadoras a las que representaban.

Si bien en el 2004, en la presentación del manifiesto solo acudieron una decena escasa de trabajadoras, en las concentraciones que convocó el STAS durante el curso 2008-2009, a raíz de las convocatorias de huelga, se llegaron a movilizar más de medio centenar de trabajadoras. La acción sindical daba sus frutos, el mensaje iba calando y las trabajadoras tomaban conciencia de que algo debía de cambiar y que únicamente, a través de la movilización, lograríamos nuestros objetivos.

Los años siguientes, seguimos llevando nuestra acción sindical tanto a los centros de trabajo como a las administraciones, consiguiendo en 2014 la negociación de una instrucción horaria que reconocía algo tan básico como un tiempo “digno” para comer.

Esta instrucción se aplicó, no sin muchas reticencias, por parte de algunos sectores de la inspección educativa.  Era demasiado tarde, el barco ya había zarpado y el viaje no había hecho más que comenzar.

Como reflejo de la iniciativa de las compañeras de Alicante, que ya llevaban todo el año celebrando reuniones, dando forma y constituyendo la que sería la primera plataforma de educadoras de nuestra tierra, a finales de ese curso, STAS convoca una asamblea en una sala del CA90 que se quedó pequeña, siendo seguida por muchas compañeras desde el pasillo. De esta asamblea, sale el compromiso por parte de un grupo de educadoras de crear una plataforma cohesionada a nivel del País, para avanzar en la consecución de los objetivos que habrían de dignificar nuestra profesión, principalmente salir del comedor, unas funciones más claras y la reclasificación del colectivo al grupo B.

Desde el STAS, como no podía ser de otra manera, hemos apoyado a la plataforma, la hemos asesorado, prestado logística y medios para poder hacer más fácil y llevadera su labor. Hemos servido como instrumento para convocar huelgas, concentraciones y demás medidas para las cuales nos han pedido nuestra ayuda. Siempre estuvimos, estamos y estaremos por la autoorganización de las trabajadoras para la consecución de sus legítimos intereses.

En estos últimos años las movilizaciones se intensifican y en mayo de 2018 el STAS convoca en solitario una huelga de tres días consecutivos.  Las acciones descongelan las negociaciones con la Consellería, que se muestra más receptiva y se compromete con la firma en Julio de 2018 de unos pactos cuyo objetivo es mejorar las condiciones de trabajo del personal de educación infantil, educación especial y fisioterapeuta.  Estos acuerdos, que si bien no recogen todas nuestras demandas, sí reconocen una actuación meramente testimonial en el tiempo del comedor, delimitan nuestras funciones, dándoles un enfoque técnico y menos ambiguo, reconocen la necesidad de recibir formación y regulan el exceso horario.

Como no podía ser de otra manera, los pactos firmados establecen un espacio de tiempo para la coordinación con el resto de profesionales y los canales de comunicación formal en los que esta ha de llevarse a cabo.  A pesar de las resistencias que encontramos en algunos centros educativos, nuestros compañeros y compañeras de trabajo empiezan a entender que nuestra tarea es educativa y que complementa enriquece la suya propia.  Muchos de los obstáculos a día de hoy testimoniales, tienen que ver con direcciones e inspecciones que se niegan a avanzar y que se resiten a asumir que los niños y niñas de educación especial e infantil son una realidad en los centros y que han venido para quedarse.

El sendero ya está marcado y somos muchas las que lo recorremos a diario, acompañadas de nuestro alumnado y de sus familias.  Cuando queremos mirar atrás las compañeras vienen empujando.  Sólo nos queda mirar al futuro y seguir defendiendo este bastión con uñas y dientes.  Llegamos hasta aquí juntas y ahora somos más fuertes, más conscientes de nuestra fuerza y de nuestros avales. 

Nunca más aceptaremos una educación sin nosotros.
Veinte años de lucha nos trajeron hasta aquí

 

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